viernes, 15 de agosto de 2008

NonStop

Hoy voy a retirar el modo irónico de algunos de mis comentarios y poner el modo serio, porque el tema lo merece. Hace unos días asistí a una concentración en repulsa a una serie de ataques transfobos que habías sufridos algunas mujeres en el Estado, llegando incluso al asesinato. A su vez, se aprovechaba dicha concentración para mostrar la repulsa a un ataque homófobo y xenofobo ocurrido en nuestra ciudad. En aquella concentración nos juntamos cerca de 70 personas, lo cuál, llamamos, éxito. ¿Triste verdad? Una ciudad como la nuestra, con tantos pueblos alrededor sólo consiguió 70 personas, es decir, la ciudadanía no movió un pelo por denunciar un acto de estas características, pero es que ni el propio colectivo apareció. Note bastantes ausencias importantes, incluidas las de personas que se toman como referentes en varios aspectos. Está el tema laboral, que puede justificar alguna de esas bajas, yo mismo, con mis horarios me podía haber tocado trabajar, pero pude ir. Pero hay mucha gente que no tenía excusa.

Y es que estas manifestaciones son más que necesarias, en las que deberíamos juntarnos olvidando diferencias pueriles, pues lo que está en juego es la vida y la integridad de todos nosotros además de la lucha por conseguir una sociedad sana, en la que no haya violencia contra nadie por el estilo de vida que lleva. Y es un mometo crucial este, en el que la reseca de dos leyes nos hizo creernos los putos amos, pero aquellas personas que nos odian por hacernos valer cuando ellos no son más que miserables escorias, reductos de una sociedad intolerante, aparecen de nuevo, emergiendo de sus cloacas de las que nunca debieron haber salido jamás, con más ganas de jodernos, con una sociedad cómplice que cree, bienintencionada ella, que como nos dejan casarnos no tienen que hacer nada. Si realmente nos consideran ciudadanos de primera como ellos, como tanto cacarean, es el momento de mojarse y que no ocurran actos como los de Sevilla. De ahí que me alegre tanto la noticia de ambienteG en la que narra como los esperpentos de la familia Phelps no pudieron asediar un nuevo funeral en Canadá gracias, no sólo a la ayuda institucional, sino a la gente que barrió la calle para que nadie atacara con ataques homófobos a los familiares la persona que iba a enterrar.

¿Triste? Pues ya sabéis.

viernes, 1 de agosto de 2008

Es que nos la agarramos con papel de fumar

El otro día, viendo los extras de esa película que es Pink Flamingos, me sorprendió la reacción de la gente a la salida del cine. Para quienes no hayáis visto esta obra del señor Watters, quizás no entenderéis lo que viene a continuación, pero la gente como mucho, dijo que le había parecido asquerosa (otros muchos también lo dijeron pero como halago) Sólo una persona utilizó el discurso de “me he sentido insultado”. A ver, es que no entiendo este discurso, porque la película de Waters no insulta nadie, te puede gustar o no, pero ofende a nadie en especial. Claro, que lo grave es que la gente que piensa eso es quienes más va actuar en contra de algo porque tiene la herramienta para ello: me ha insultado. Si ponemos una película basada en el famosos libro de Hittler y lo proyectamos en una comunidad judía, puede que alguien si se sienta insultado, como los maricas cuando tenemos que oír canciones como “maricón el que no bote” o un inmigrante ante las leyes de la Unión Europea. Pero el caso es que sí se utiliza gratuitamente este discurso, cuando quienes realmente ofenden son aquellos que quieren imponer su forma de ver el mundo, como aquellos que, en esta ciudad donostiarra, se siente insultados porque hay nudistas; perdona pero quien insultas eres tú viendo sexo donde no lo hay, y haciendo que la gente que no se quiera se tape, porque por esa regla de tres a mí me parece que hay que volver a llevar manga larga que enseñar carne me insulta y todos enfajados aunque haga 40º.

Aunque como he mencionado, sólo una persona lo expresó así. ¿Y por qué me sorprende? Porque me esperaba más. Quizás es que uno le han enseñado que la historia el lineal, craso error, y que siempre se vive mejor ahora que antes, pero nada más lejos de la realidad. Esta película es cuestión, está abanderada como Himno Camp, y cómo mucho hace apología de la guarrería (Tranquis, España Directo, que no hay nadie con el síndrome de Diógenes para que grabéis) jamás habría visto la luz hoy, 36 años después su estreno: zoofilia, canibalismo, incesto, pedos, caca, culo, teta, y demás vulgaridades que no encajan en la corrección política a la que hoy nos sometemos. Porque todo ha de ser bonito, blanco, heterosexual y acabar en (posible) boda. Pues fíjense, esta película incluye la bonita relación entre la madre de Divine y el huevero. Impoluta

Maricas sin caspa

En alguna ocasión he dado rienda suelta a un pequeño vicio que tengo de siempre, y es la publicidad. No os negaré que conozco de sobra lo que significa la publicidad y el valor que tiene en una sociedad de consumo con toda su implicación, pero me fascina, como cantos de sirena, y el saber su ponzoñosa intencionalidad no la hace sino que más atrayente. Aunque mejor se lo dejo a Britney que en su día lo expresó mejor que yo:
You're toxic I'm slipping under With a taste of a poison paradise I’m addicted to you Don’t you know that you’re toxic And I love what you do Don’t you know that you’re toxic

El caso es que me fascina ponerme en el lugar de un publicista e intentar indagar que hay en su mente, lo cual muchas veces te lleva a una espiral agonizante si intentas comprenderlo desde el mundo de la lógica. El último anuncio que, en este sentido, me ha llamado la atención en el de un champú anticaspa. Estamos más que acostumbrados que chicos con una orientación sexual indigna para Susan Tidad aparezcan en anuncios de productos de higiene (aunque siempre haciendo lo que Susan consideraría bueno- es decir, de buen hetero) pero este champú ha decidido cambiar de tercio y sacar al hombre hetero del armario de naftalina e incluirle en la moda de no llevar caspa ni pelo sucio. Para ello, primer tópico, eso que tanto le gusta a la publicidad, escogen a un jugador de fútbol retirado ¿?, y le preguntan que tiene en la cabeza. Lo primero que dice es Futbol, pero eso sí, lo dice en un tono que siendo un chico joven, me recordaba más a mi abuelo o a mi padre cuando hablaban del deporte rey(na) sentenciando esa palabra como si debiera tener su propio altar, y es que mira, por mucho que se le quiera dar glamour, que los de cuatro se curren anuncios en plan nibelungos, para mí el futbol siempre tendrá el olor de la españa más rancia, y del heterosexismo más cutre, que vale, no es culpa del deporte, pero es el significado que yo le he activado, no sin ayuda. Segundo tópico, se supone siempre que el gay en sen(x)ual y emotivo, por lo que este señor debió recibir la orden, o igual lo traía de casta y por eso le eligieron a él, de ser más seco que la mojama (¿qué es la mojama?), y con menos amor a la cámara que Enma García a un proyecto digno. Madre mía, que SÍ, que ya me he dado cuenta, que no hacen ese anuncio para maricas, porque claro, nosotros no tenemos caspa, o seguramente usaremos marcas caras, pero chicos. Este anuncio evidencia que no somos su target. Y es que antes que este hombre, el anuncio lo protagonizaba Sbaragglia, prototipo de macho, que más de identificar asustaría a más de uno, y precisamente no hacía huir a cualquier marica que hubiera visto Plata Quemada.

Así que aquí viene mi tópico: ni con todo el champú se quita la caspa al modo de vida hetero(sexista)

Sólo una reflexión

¿Os habéis dado cuenta que en las etapas de crisis la tendencia ha sido el conservadurismo puro y duro? El crack del 29, el periodo de post-guerra, y el franquismo (en sí, que fue la represión pura y dura) ¿Os habéis dado cuenta que en esas épocas se ensalzaba el valor de la familia sobre todo y se hacía leyes estrictas que limitaban los movimientos sociales sobre todo si cuestionaban la norma? El código Hays en el cine, la doctrina McCaatrhy, las leyes de vagos y maleantes, etc. ¿Os habéis dado cuenta que no paran de decir que entramos en periodo de crisis?

sábado, 12 de julio de 2008

trans-legislado

Para muchos la legislatura pasada fue un auténtico bombazo en lo social, pese a que tampoco fuera para tanto. Pero, es lo que pasa cuando uno se tira cuatro años tan negros con un gobierno tan gris, que cualquier otro tono parece ser el mejor. No me las daré de listo diciendo que nunca me creí a ese gobierno, porque primero, paso de caer en la soberbia, y segundo, pese a no ser candidato de ninguna manera a un voto mío, cuando lo doy, hubo momentos que incluso sus destellos me parecieron valiente. Tampoco voy a negar los avances, que haberlos hubo, pero me resisto a esa tendencia de auto-complacencia que les está permitiendo relajarse y no entrar en temas profundos como la relación iglesia-estado, el derecho a una muerte digna, el trato ético a los animales, etc. Lo de la crisis, evidentemente allí está, y también deben hacerse frente (aunque eso se pudiera aplicar a cualquier gobierno que estuviera en el poder-espero que estos no lo hagan con recortes sociales, que es lo que nos faltaba). Pero este post no es para hablar de futuro, sino de pasado, y recordar como uno de los grupos de la familia de siglas LGTB se ha tenido que comer una ley injusta, y además tras un amargo esfuerzo por conseguirla.

Evidentemente mejor esta ley que nada, pues así por lo menos se evitará la marginación de muchas personas que no podía acceder a un puesto de trabajo por el sexo que venía en su DNI, pero es que esta ley es continuista de la transfobia que vive la sociedad, porque obliga a que la persona deba estar en tratamiento hormonal durante dos años y además pasar por un psiquiatra que le diagnostique disforia de género, si quiere poder hacer ese cambio. Incluso en algunos sitios se les obliga a declararse heterosexuales en relación al sexo que van. Sexo=género. Eso es lo que dan a entender. Y más vacios legales, por supuesto. Aunque no todo el colectivo ha pasado por el aro y hay quienes denuncian esta ley. Espero que nuestr@s compañer@s trans consigan ser reconocidos como personas y no como enfermos. Recordemos que hasta hace poco allí estábamos todos

Un texto de Javier Sáez-Interesante reflexión

El amor es heterosexual

All you queer is love (Sejo Carrascosa)

Hace poco participé en un encuentro feminista porno punk en Donosti, organizado por Beatriz Preciado. Muchas conferencias, performances, videos, fotos, amistades, fiestas… Quizá lo más interesante del encuentro fueron las coaliciones, redes, y amistades que se fueron tejiendo esos días, entre un montón de bollos, maricas y trans que disponíamos de un espacio de encuentro y de fiesta. Creo que la aportación política más importante que está haciendo Beatriz en estos años no está en sus estupendos libros (recomiendo Testo yonqui a todo el mundo), sino en haber creado dispositivos de encuentro y de creación que dan poder y crean alianzas entre personas que viven en los márgenes del régimen heterosexual.

Pero hubo una constante a lo largo del festival que me inquietó y que llamó mi atención. La exaltación de la pareja y del amor. Elizabeth Stephens y Annie Sprinkle empezaron contándonos sus estupendos trabajos en el terreno del post porno, pero la intervención fue derivando hacia una narrativa sobre su enamoramiento y sobre sus diversas bodas en diferentes colores “celebrando el amor”; la pareja gay Massimo y Pierce, Black Sun Productions, nos contaron cómo “se enamoraron” rodando su primer porno. Maria Llopis nos contó que “ahora tiene novio y quizá se case y tenga un hijo”. Annie Sprinkle dedicó su intervención a “esa pareja maravillosa: Beatriz y Virginie”. Parte del público se deshacía ante tanto romanticismo, ternura, felicidad y Love Power. Otra parte del público se preguntaba qué hacíamos exaltando la pareja y el matrimonio en un encuentro presuntamente feminista, punk y queer.

Todo esto me dio qué pensar. Me pregunto si la retórica del amor no es sino otro discurso y otra práctica más que hemos adoptado desde el régimen heterosexual. En todo caso, es un discurso totalmente inofensivo y domesticado, algo que no molesta en absoluto al sistema patriarcal y homófobo. Por el contrario, los bollos, las maricas e incluso los trans son mucho mejor digeridos y aceptados cuando tienen pareja (“qué chicos más sanos, ya no son promiscuos”) y sobre todo cuando proclaman “su amor” (“fíjate qué majos, se quieren; son como nosotros”). Como decía Foucault, lo que molesta al poder no son las relaciones homosexuales, sino la amistad (http://www.hartza.com/fuckault.htm ). Es decir, la posibilidad de crear redes de amigos, apoyos, afectos, solidaridades, difíciles de localizar, que escapan al control social y que van más allá del modelo binario individualista o liberal: “pareja- amor- matrimonio”.

Mi impresión es que el amor sigue siendo el último bastión que nadie se atreve a franquear, a cuestionar. Se plantea como algo universal, ahistórico, intrínsecamente bueno, humano, positivo. Pero quizá no hay un amor en singular, no hay un amor sin historia, no hay amor sin relaciones de poder, de clase y de raza, quizá se puede vivir sin amor. Quizá “el amor” es más complejo de lo que suponemos.

Para mí el amor se basa en la insolidaridad. Me vinculo a una persona, de forma individual, y abandono el resto. La pareja. Dos individuos. Fin del vínculo social. La locura temporal que supone el sentimiento amoroso nos aísla del resto, o en todo caso convierte a la pareja en la prioridad: primero salvo a mi marido, luego ya veremos. Tampoco se recuerda lo cerca que está el amor del odio: cada semana muere en el Estado español una mujer a manos de su marido: “la maté porque la amaba”. La propia Elizabeth Stephens nos mostraba en el festival una foto de un pezón sujetado por una llave inglesa, y comentaba: “Es una foto del pezón de mi ex. Ahora pienso que debería haber apretado más fuerte”. Parece que la cosa acabó mal entre ellas.

El amor no tiene un original, ni es universal, es más, a mí me parece que es una noción absolutamente heterosexual, y quizá vacía. Es un código que repetimos y asumimos inconscientemente porque es el que recibimos desde las instituciones, en el cine, la televisión, la literatura, el discurso familiar, la escuela, la religión. Nada escapa al amor como valor universal. Haz el amor, no la guerra. Viva el amor. Te amo. All you need is love. Todo lo que necesita el poder para callarte la boca es el amor. Qué bonito es el amor. Millones de canciones repiten la palabra amor. Miles de películas (heteros o gays, da igual) sobre el amor. Miles de parejas se casan cada día “por amor”. Dios es amor. Psicólogos, pedagogas, historiadores, sociólogas, profesoras, militantes, políticos, curas, sexólogas, periodistas, cineastas, escritoras, antropólogas, psicoanalistas, humanistas, parados, comunistas, fascistas: todos adoran el amor.

Del mismo modo que la identidad masculina o femenina se adquiere por un proceso performativo de repeticiones de códigos que nos preceden y nos determinan (Butler), aprendemos a sentir y a desarrollar afectos bajo el referente de “el amor”. Como si fueran las únicas gafas de que disponemos para ver el mundo, para sentir, para establecer vínculos, para vivir en sociedad. Todos monolingües, hablando el lenguaje universal del amor. Pero hay más lenguas, la política se escribe desde lo intraducible, desde lo incomunicable, desde códigos secretos que tenemos que inventarnos. Babel contra el amor. El amor nos vuelve codificables, comprensibles, integrables, normales. La subversión pasa por otro sitio: que no sepan qué idioma hablamos.

Si queremos desafiar y subvertir el orden social y sexual en que vivimos, hay que acabar con el amor. Desprenderse de esa costra babosa, almibarada y ñoña donde perecemos como moscas en la miel.

Como decía Audre Lorde: “No podemos destruir la casa del amo con las herramientas del amo”.

El amor es la herramienta del amo. Estaba escrito, pero no lo veíamos: AMOr.

Javier Sáez

www.hartza.com

sábado, 5 de julio de 2008

Reflexión

En ocasiones, cuando uno se pone a hablar con aquellos que planean salvar el mundo, que se embarcan en la misma arriesgada misión que uno, siente que va a encontrar gente solidaria, con ganas de compartir, con hambre de justicia, etc. Y bueno, eso es cierto es parte, o por lo menos lo es hasta que sacas a esas personas de la parte del mundo que quieren salvar y les hablas de aquellas que también necesitan ser salvadas. Entonces las respuestas sueles ser secas, coercitivas, sectarias, intolerantes. Vamos, todo un poema.

Quizás esto que diga no es nuevo, y se ha dejado caer por gente que merece ser oída por las verdades que sueltas, como Javier Sáez o Paco Vidarte (cuyo valor sigue trascendiendo más allá de su muerte), pero no por eso deja de ser necesario decirlo, seguir argumentándolo o intentar que la gente lo comprenda, porque ¿Quién lucha por salvar el planeta de desastres naturales no comprender que la tasa de mortalidad de los países en guerra es una catástrofe natural? ¿Quién lucha por equiparar sus derechos civiles ha de pasar por alto que a otros ciudadanos se les quita al clasificarles como ilegales? ¿Una mujer que lucha por acceder a un puesto de trabajo en la misma calidad que un hombre puede despreciar las peticiones salariales que le hace su asistenta, mujer y ecuatoriana? ¿Acaso el sufrir una discriminación nos da derecho a afligir otras?

Con estas palabras no quiere erigirme como Pepito Grillo ni salvador de nadie; sólo quiere que se abra un debate en todas esas macro-organizaciones que luchan por distintos aspectos para que reflexionen sobre si están realmente luchando por algo, o incluyéndose cómodamente en una estructura de por si injusta. Así que MENOS SUVENCIÓN Y MÁS ACCIÓN.