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sábado, 12 de julio de 2008

Un texto de Javier Sáez-Interesante reflexión

El amor es heterosexual

All you queer is love (Sejo Carrascosa)

Hace poco participé en un encuentro feminista porno punk en Donosti, organizado por Beatriz Preciado. Muchas conferencias, performances, videos, fotos, amistades, fiestas… Quizá lo más interesante del encuentro fueron las coaliciones, redes, y amistades que se fueron tejiendo esos días, entre un montón de bollos, maricas y trans que disponíamos de un espacio de encuentro y de fiesta. Creo que la aportación política más importante que está haciendo Beatriz en estos años no está en sus estupendos libros (recomiendo Testo yonqui a todo el mundo), sino en haber creado dispositivos de encuentro y de creación que dan poder y crean alianzas entre personas que viven en los márgenes del régimen heterosexual.

Pero hubo una constante a lo largo del festival que me inquietó y que llamó mi atención. La exaltación de la pareja y del amor. Elizabeth Stephens y Annie Sprinkle empezaron contándonos sus estupendos trabajos en el terreno del post porno, pero la intervención fue derivando hacia una narrativa sobre su enamoramiento y sobre sus diversas bodas en diferentes colores “celebrando el amor”; la pareja gay Massimo y Pierce, Black Sun Productions, nos contaron cómo “se enamoraron” rodando su primer porno. Maria Llopis nos contó que “ahora tiene novio y quizá se case y tenga un hijo”. Annie Sprinkle dedicó su intervención a “esa pareja maravillosa: Beatriz y Virginie”. Parte del público se deshacía ante tanto romanticismo, ternura, felicidad y Love Power. Otra parte del público se preguntaba qué hacíamos exaltando la pareja y el matrimonio en un encuentro presuntamente feminista, punk y queer.

Todo esto me dio qué pensar. Me pregunto si la retórica del amor no es sino otro discurso y otra práctica más que hemos adoptado desde el régimen heterosexual. En todo caso, es un discurso totalmente inofensivo y domesticado, algo que no molesta en absoluto al sistema patriarcal y homófobo. Por el contrario, los bollos, las maricas e incluso los trans son mucho mejor digeridos y aceptados cuando tienen pareja (“qué chicos más sanos, ya no son promiscuos”) y sobre todo cuando proclaman “su amor” (“fíjate qué majos, se quieren; son como nosotros”). Como decía Foucault, lo que molesta al poder no son las relaciones homosexuales, sino la amistad (http://www.hartza.com/fuckault.htm ). Es decir, la posibilidad de crear redes de amigos, apoyos, afectos, solidaridades, difíciles de localizar, que escapan al control social y que van más allá del modelo binario individualista o liberal: “pareja- amor- matrimonio”.

Mi impresión es que el amor sigue siendo el último bastión que nadie se atreve a franquear, a cuestionar. Se plantea como algo universal, ahistórico, intrínsecamente bueno, humano, positivo. Pero quizá no hay un amor en singular, no hay un amor sin historia, no hay amor sin relaciones de poder, de clase y de raza, quizá se puede vivir sin amor. Quizá “el amor” es más complejo de lo que suponemos.

Para mí el amor se basa en la insolidaridad. Me vinculo a una persona, de forma individual, y abandono el resto. La pareja. Dos individuos. Fin del vínculo social. La locura temporal que supone el sentimiento amoroso nos aísla del resto, o en todo caso convierte a la pareja en la prioridad: primero salvo a mi marido, luego ya veremos. Tampoco se recuerda lo cerca que está el amor del odio: cada semana muere en el Estado español una mujer a manos de su marido: “la maté porque la amaba”. La propia Elizabeth Stephens nos mostraba en el festival una foto de un pezón sujetado por una llave inglesa, y comentaba: “Es una foto del pezón de mi ex. Ahora pienso que debería haber apretado más fuerte”. Parece que la cosa acabó mal entre ellas.

El amor no tiene un original, ni es universal, es más, a mí me parece que es una noción absolutamente heterosexual, y quizá vacía. Es un código que repetimos y asumimos inconscientemente porque es el que recibimos desde las instituciones, en el cine, la televisión, la literatura, el discurso familiar, la escuela, la religión. Nada escapa al amor como valor universal. Haz el amor, no la guerra. Viva el amor. Te amo. All you need is love. Todo lo que necesita el poder para callarte la boca es el amor. Qué bonito es el amor. Millones de canciones repiten la palabra amor. Miles de películas (heteros o gays, da igual) sobre el amor. Miles de parejas se casan cada día “por amor”. Dios es amor. Psicólogos, pedagogas, historiadores, sociólogas, profesoras, militantes, políticos, curas, sexólogas, periodistas, cineastas, escritoras, antropólogas, psicoanalistas, humanistas, parados, comunistas, fascistas: todos adoran el amor.

Del mismo modo que la identidad masculina o femenina se adquiere por un proceso performativo de repeticiones de códigos que nos preceden y nos determinan (Butler), aprendemos a sentir y a desarrollar afectos bajo el referente de “el amor”. Como si fueran las únicas gafas de que disponemos para ver el mundo, para sentir, para establecer vínculos, para vivir en sociedad. Todos monolingües, hablando el lenguaje universal del amor. Pero hay más lenguas, la política se escribe desde lo intraducible, desde lo incomunicable, desde códigos secretos que tenemos que inventarnos. Babel contra el amor. El amor nos vuelve codificables, comprensibles, integrables, normales. La subversión pasa por otro sitio: que no sepan qué idioma hablamos.

Si queremos desafiar y subvertir el orden social y sexual en que vivimos, hay que acabar con el amor. Desprenderse de esa costra babosa, almibarada y ñoña donde perecemos como moscas en la miel.

Como decía Audre Lorde: “No podemos destruir la casa del amo con las herramientas del amo”.

El amor es la herramienta del amo. Estaba escrito, pero no lo veíamos: AMOr.

Javier Sáez

www.hartza.com

sábado, 5 de julio de 2008

Reflexión

En ocasiones, cuando uno se pone a hablar con aquellos que planean salvar el mundo, que se embarcan en la misma arriesgada misión que uno, siente que va a encontrar gente solidaria, con ganas de compartir, con hambre de justicia, etc. Y bueno, eso es cierto es parte, o por lo menos lo es hasta que sacas a esas personas de la parte del mundo que quieren salvar y les hablas de aquellas que también necesitan ser salvadas. Entonces las respuestas sueles ser secas, coercitivas, sectarias, intolerantes. Vamos, todo un poema.

Quizás esto que diga no es nuevo, y se ha dejado caer por gente que merece ser oída por las verdades que sueltas, como Javier Sáez o Paco Vidarte (cuyo valor sigue trascendiendo más allá de su muerte), pero no por eso deja de ser necesario decirlo, seguir argumentándolo o intentar que la gente lo comprenda, porque ¿Quién lucha por salvar el planeta de desastres naturales no comprender que la tasa de mortalidad de los países en guerra es una catástrofe natural? ¿Quién lucha por equiparar sus derechos civiles ha de pasar por alto que a otros ciudadanos se les quita al clasificarles como ilegales? ¿Una mujer que lucha por acceder a un puesto de trabajo en la misma calidad que un hombre puede despreciar las peticiones salariales que le hace su asistenta, mujer y ecuatoriana? ¿Acaso el sufrir una discriminación nos da derecho a afligir otras?

Con estas palabras no quiere erigirme como Pepito Grillo ni salvador de nadie; sólo quiere que se abra un debate en todas esas macro-organizaciones que luchan por distintos aspectos para que reflexionen sobre si están realmente luchando por algo, o incluyéndose cómodamente en una estructura de por si injusta. Así que MENOS SUVENCIÓN Y MÁS ACCIÓN.

lunes, 23 de abril de 2007

Homo (fobia) zapping

Las leyes puede que avancen en este mundo, pero la normalización de todos aquellos que no comunlgamos con esa minoría heterosexualiza (que no heterosexual) tan del agrado de foros como el de su familia o señores como Rocco (su tocayo debe estar asqueado de las comparaciones). Y sé lo que me digo.

La televisión, entendida como el mass media que más personas alcanza no hace mucho por ello. Sí, en algunas series aparecen personajes gays o lesbianas, pero en muchas de ellas no son más que floreros que no rompen la hegemonía heterosexual y, es más, la hacen parecer como hasta buena porque no acoge. Series como Queer as folk, con sus fallos y aciertos como cualquier producto televisivo (llamadme purista pero la versión británica supera con creces a la emitida) es tratada como pornografía cuando productos heteros hay con el mismo o más contenido erótico. De Hill y Grace o sitcoms que ni siquiera han llegado a esta nuestra televisión no tienen cabida en la parrilla. Ellen sufrió el mismo efecto que sufrió en el resto del mundo, y ni siquiera hay reposiciones como de otras ha habido y sigue habiendo.

Y sí, el ocultar estos productos lo considero homofobia, el tener personajes estereotipados lo dejaré de considerar cuando salgan los otros, porque esos personajes son reales, pero no los únicos. Y es que así no vamos a ningún sitio más que a ser una vergüenza en un país católico. Nada, que volveremos pues a los chistes de mariquitas de Arévalo, bajo la supervisión de Lequio y PiPi (que podrá decir una persona con nombre de función fisiológica) que el domingo noche nos obsequiaron con ridiculizar a una concursante por su bisexualidad. Que si le da a todo, que si rollo bollo. Casi Vomito. Esas palabras sólo sientan bien cuando las oyes a ciertas personas y en ciertos contextos. Y estos machitos casposos no eran esas personas, y aquel momento no era el adecuado.

Pero a ellos sí se les permite y se les da un espacio en antena.

Bueno, lo que no sé es de qué me sorprendo cuando Antena3 Anuncia como peliculón BOAT TRIP.